En una plaza de Shanghai, un viejo escribe con agua, dibuja más bien,
letras sobre la piedra.
Le pregunté qué historia, qué poema contaba y
contestó, un poco fastidiado por la interrupción, que eran simplemente letras, palabras sueltas y
que lo hacía porque eran hermosas.
El agua se evapora, el recuerdo del
placer permanece.


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